Mesa elevable
Si una mesa elevable acabará usándose de pie no lo decide el motor: lo decide la fricción del cambio. Un ajuste que cuesta esfuerzo, atención o ruido se hace dos veces la primera semana y nunca más. Por eso importan las memorias de posición que llevan la mesa a sus dos alturas con un toque, los motores lo bastante silenciosos para un espacio abierto y un mando que la mano encuentra sin mirar.
La mecánica se juzga en tres puntos: el recorrido, que debe cubrir estaturas reales y no una media de catálogo; la estabilidad en la posición más alta — la prueba del temblor es la prueba honesta —; y la resistencia de columnas y motores al uso diario. El beneficio, conviene decirlo, no está en trabajar de pie: está en la alternancia, que descarga la espalda y sostiene la concentración cuando la tarde empieza a parecerse a un lento hundirse en la silla.
Aquí, todas las mesas elevables eléctricas y bench del catálogo, con recorrido, motorización y carga declarados en cada ficha.